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“Lo que no se ve, no se dice y no se escucha: ecos de un sistema familiar”

Esculturas que no ven, no oyen, no hablan… ¿Qué nos están diciendo?

Hoy quiero compartiros unas fotos que me removieron algo profundo: esculturas con los ojos, la boca y los oídos cubiertos. Imágenes potentes que evocan silencio, ceguera, desconexión. Pero también protección. Defensa. Herencia.

Obras de Jaume Plensa

Desde la mirada de la terapia sistémica, estos símbolos toman otra dimensión.
Porque no hablamos solo de individuos: hablamos de sistemas. Familias. Vínculos. Lealtades invisibles.

🔇 A veces no hablamos… porque en nuestra familia «no se habla de eso».
👂 A veces no escuchamos… porque escuchar implicaría ver una verdad que duele.
👁️ Y a veces no vemos… porque mirar sería traicionar una lealtad, una historia que necesita permanecer oculta.

Como decía Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares:
«El amor ciego nos hace repetir el destino de nuestros antepasados. El amor consciente nos permite sanar.»

En terapia sistémica sabemos que muchas veces repetimos sin darnos cuenta.
Callamos por amor. Negamos por fidelidad.
Nos tapamos los ojos para no ver lo que a otros les dolió antes que a nosotros.

Estas esculturas son más que arte: son espejo. Nos invitan a preguntarnos:

👉 ¿Qué cosas no estoy viendo por lealtad a mi sistema?
👉 ¿Qué verdades no escucho para no romper con la historia familiar?
👉 ¿Qué me callo, y qué costo tiene ese silencio en mi vida?

Como diría Virginia Satir, pionera de la terapia familiar:
«La comunicación es para la relación lo que la respiración es para la vida.»
Y muchas veces, respirar libremente empieza por decir lo que nunca se dijo.

La buena noticia es que todo lo que fue silenciado puede ser nombrado.
Y todo lo que no se vio, puede ser mirado con amor y sin juicio.

Porque sanar no es traicionar: es honrar desde otro lugar.
Y ese lugar puede ser el comienzo de algo nuevo.

¿Cómo se utilizan las esculturas en la terapia sistémica?

En la terapia sistémica, una escultura es una forma de «congelar» una imagen interna del sistema familiar o de una situación relacional. Puede hacerse con personas reales (en terapia grupal), con objetos, muñecos, cojines o incluso con el propio cuerpo en el espacio.

El objetivo es hacer visible lo invisible: cómo se perciben las relaciones, las jerarquías, las distancias, los roles, las alianzas, los silencios…

Ejemplo práctico:

Un terapeuta le puede pedir al consultante que haga una escultura representando el lugar que ocupa en su familia:
– ¿Dónde te pondrías tú?
– ¿Dónde pondrías a tu madre, a tu padre, a tus hermanos?
– ¿Quién está cerca, quién está lejos?
– ¿Estás mirando a alguien o dándole la espalda?
– ¿Qué siente cada uno desde ese lugar?

Esto permite trabajar desde el cuerpo y la emoción, más allá de las palabras. Muchas veces se revelan dinámicas inconscientes: por ejemplo, un hijo que «ocupa el lugar del padre», o alguien que queda «fuera del sistema», representando un excluido.

¿Qué se busca con la escultura?

  • Tomar conciencia de las estructuras ocultas del sistema.
  • Generar movimientos de cambio (como reubicar a los miembros en una posición más funcional).
  • Liberar emociones que estaban atrapadas o silenciadas.
  • Recuperar el orden y el flujo del amor, como diría Hellinger.